PRIMERA PAGINA
A veces uno topa con ellas al salir de la casa. A veces se desgranan en las esquinas de las aceras bañadas por el humo de los carros y las acciones de la estupidez humana. Viajan con nosotros en los autobuses con ojos somnolientos en las mañanas o con la fatiga de los pesados días de trabajo. Huelen a angustia o a sudor acongojado. A cansancio o a montaña fresca. Están viciadas de costumbres cotidianas, esas que se nos pegan en el pelo y terminan metiéndose en la cabeza hasta que llegan a formar parte nuestra.
Algunas son tiradas al vuelo. Otras son contadas a propósito, para que sean contadas más tarde en hojas blancas. Pero las más, las que se escapan a gritos desde su realidad, se dejan escuchar a grandes voces desde las pantallas de los televisores, las hojas de los periódicos o las paredes de las ciudades con sus inquebrantables voces…
Algunas son tiradas al vuelo. Otras son contadas a propósito, para que sean contadas más tarde en hojas blancas. Pero las más, las que se escapan a gritos desde su realidad, se dejan escuchar a grandes voces desde las pantallas de los televisores, las hojas de los periódicos o las paredes de las ciudades con sus inquebrantables voces…

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