Los negrilllo
No se les conocía nombre. Cuando se referían a ellos solo los llamaban los negrillos. Aún ellos reconocían ante los que preguntaban por su nombre, llamarse “ los negrillo” así a secas, comiéndose la ese en la mayoría de las palabras. Sin apellido o domicilio conocido. Eran doblemente populares: por su parecido que desconcertaba a más de uno y por su habilidad para obtener dinero sin trabajar.
En la centésima y tantas veces que la policía los detuvo, fueron atrapados escalando las paredes de un almacén, apoyados espalda contra espalda entre dos columnas de concreto a la altura de los pisos dos y tres.
La policía los interrogó con el rencor de la impotencia o con el odio que da el poder, que viene siendo la misma cosa. Al final un robusto policía levantó por un brazo al debilucho negrillo y le pregunto antes de darle una bofetada.
- ¿Y por qué roban?
- Pa compra cra. – contestó el negrillo preparado ya para recibir el otro golpe.
- ¿Y por qué fuman crack? Interrogó el policía preparando un coscorrón.
- Pa olvidá.- lloró impotente el negrillo en un rincón de la habitación.
- ¿Y que quieren olvidar ustedes? – golpeó el policía rajándole la boca en dos.
- La vida…, el hambre, los jueputa policía…- dijo entre mocos sangre y lágrimas. Luego alzó la vista y clavó inocentemente sus ojos en los del policía y agregó decidido:
- …y los pichazos.

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